Dorada o lubina: dos clásicos que no deberían venderse igual

 Dorada y lubina aparecen juntas en innumerables mostradores.

Y quizá ese sea precisamente el problema: hemos terminado tratándolas como si fueran intercambiables.

No lo son.


Dorada y lubina para pescaderías y restaurantes en Mercamadrid

Quien trabaja detrás de un mostrador lo sabe bien. No solamente importa la especie. Importan el calibre, el origen, el tipo de cliente y, sobre todo, qué quiere hacer ese cliente con el pescado.

Una pieza pequeña puede solucionar perfectamente una ración individual. Cuando aumenta el tamaño, aparecen otras posibilidades: compartir, cocinar al horno o a la sal, preparar lomos, sacar supremas o realizar diferentes cortes.

Y eso cambia completamente la conversación con el cliente.

No vendemos solamente pescado. Vendemos soluciones.

Cuando alguien pregunta:

«¿Cuánto cuesta la lubina?»

podemos limitarnos a contestar con un precio.

O podemos hacer otra pregunta:

«¿Para cuántas personas es?»

Parece una diferencia insignificante, pero no lo es.

A partir de esa pregunta podemos recomendar un tamaño, explicar cómo prepararlo e incluso sugerir el corte más adecuado.

Y lo mismo ocurre con la dorada.

No necesita la misma pieza quien quiere una dorada individual a la plancha que una familia que pretende prepararla al horno. Tampoco busca necesariamente lo mismo un restaurante que necesita regularidad en sus raciones que una pescadería que quiere ofrecer diferentes alternativas en el mostrador.

El calibre también cuenta una historia

Hablar de calibres puede parecer algo reservado al profesional.

Pero detrás de cada calibre existe una utilización.

200/300, 300/400, 400/600, 600/800, 800/1000, piezas superiores al kilo...

Para nosotros son referencias habituales. Para el consumidor pueden convertirse en algo mucho más sencillo: una ración, dos personas, una pieza para compartir o un pescado del que obtener determinados cortes.

Ahí está parte del trabajo de una buena pescadería: traducir el lenguaje del producto al lenguaje del cliente.

Dorada y lubina: parecidas en el mostrador, diferentes en la venta

Ambas son extraordinariamente versátiles y conocidas por el consumidor.

Precisamente por eso existe una oportunidad.

Cuando un producto ya resulta familiar, no necesitamos explicar qué es. Podemos dedicar ese tiempo a explicar qué podemos hacer con él.

Horno, plancha, sal, lomos, supremas, piezas enteras...

El producto deja entonces de competir exclusivamente por precio.

Empieza a competir por utilidad, conocimiento y servicio.

En PescaMadrid, desde Mercamadrid, trabajamos con diferentes calibres y orígenes de dorada y lubina destinados a pescaderías, restauración y profesionales.

Pero seleccionar pescado es solamente una parte del trabajo.

La otra consiste en conocerlo.

Porque cuando conocemos bien lo que vendemos, podemos ayudar a nuestros clientes a venderlo mejor.

El conocimiento también se vende.

Si eres pescadería, restaurante o profesional y necesitas consultar disponibilidad, calibres u orígenes de dorada y lubina, habla con nuestro equipo.

Julio Pérez
PescaMadrid · Mayorista de Pescados y Mariscos

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